¡Hola! ¿Cómo están? Espero que estén disfrutando del sábado. Por mi parte, hoy voy a salir con mis amigos, y creo que va a ser uno de esos días en el que todos coincidamos, así que estoy muy contenta.
El post de hoy está dedicado a mi pasado, en este caso vuelvo hacia atrás a mis 13 años. Él, fue mi primer amor, y tuvimos nuestros altibajos. Fue una relación que no terminó del todo hasta que cumplí los 18. Incluso fue él, quien me presentaría al que es el protagonista de tantos post en mi blog, y al que finalmente creo que he desterrado de mi mente.
Pero no, el post de hoy no se centra en ese idiota, se centra en Él. No sé bien como plantear esta entrada, pues no podría explicar toda la historia. El caso es que mas o menos siempre solemos mantener el contacto, pero hay períodos en los que hablamos más que otros y el problema es que en esos momento siento que lo echo de menos.
Sin embargo, no lo echo de menos en un plano amoroso, no sé bien en qué sentido. Y eso, creo que fue lo que terminó desgastando lo nuestro. Ese quererlo pero no con una loca pasión, pero a la vez esas ganas de que fuese así por el cariño que le tengo.
Y a veces me refugio en el pasado, y me digo a mi misma que igual en un futuro esa llama que existió puede volverse a encender. Que quizás un día el destino nos vuelva a unir. Me pregunto tanto que hubiese ocurrido si no me hubiese ido, guardo tan buenos momentos de esa época.
¿Nunca se han sentido así? Extrañando parte de su pasado, querer proyectarlo al futuro. Igual es por la situación que estoy viviendo. En verdad es que tampoco podría describir bien lo que siento y quiero, por lo que tampoco creo que esta entrada haya quedado muy entendible.
Pero, después de tanto tiempo, y con esa forma tan dulce de recordarme, lo mínimo que merecías era un post para tí ; ).


